Veremos como se desarrollaron la contabilidad en cada una de las principales civilizaciones antiguas y como estas se mantuvieron en la sociedad y evolucionaron
Egipto
Si trascendental fue la contabilidad entre los pueblos de
mesopotámica aún más necesario fue su uso en una sociedad tan rígidamente
centralizada como la del Egipto faraónico. El instrumento material utilizado
habitualmente por los egipcios para realizar la escritura era el papiro. Las
anotaciones de tipo contable, por su carácter repetitivo, llegaron a conformar un tipo de
escritura hierática que ha resultado muy difícil de descifrar para los
estudiosos. De cualquier forma, y pese al papel decisivo que la
contabilidad desempeño en el
antiguo Egipto, no puede decirse que la civilización faraónica haya contribuido
a la historia de la contabilidad con innovaciones o procedimientos que no hubieran sido ya utilizados por los
poderosos comerciantes caldeos.
Grecia
Los templos helénicos, como había sucedido muchos siglos
antes con los de Mesopotamia y Egipto, fueron los originarios lugares de la
Grecia clásica en los que resultó exacto desarrollar una técnica contable. Cada
templo importante en efecto, poseía un tesoro alimentado con los óbolos de los
fieles o de los estados, donaciones que era preciso anotar escrupulosamente.
Los tesoros de los templos no solían estar inmovilizados y se empleaban con
frecuencia en operaciones de préstamos al estado o a particulares. Puede
afirmarse así que los primeros bancos griegos fueron algunos templos. Quizás el lugar
donde los arqueólogos han encontrado más abundante y minuciosa documentación contable lo constituye el santuario de Delfos
donde se han recuperados cientos de placas de mármol que detallan las ofrendas de los fieles, así como las cuentas de
reconstrucción del templo en el siglo IV antes de J.C.
Roma
El genio organizador de Roma, vigente en todos los aspectos de la vida pública, se
exteriorizó también en la escrupulosidad con la que particulares, altos cargos
del estado, banqueros y comerciantes llevaban sus cuentas. Ya en el siglo I
antes de Cristo se desfavorecía a una persona que fuera incapaz de fiscalizar
contablemente su patrimonio. El libro más
empleado era el de ingresos y gastos (codees accepti et expensi). Los grandiosos
negociantes llegaron a perfeccionar sus libros de contabilidad de tal manera que algunos
historiadores han creído ver en ellos un primer desarrollo del principio de la partida doble. Aunque hay
algunas citas de grandes autores, como Cicerón que parecen sustentar tal hecho,
son excesivamente confusas como para establecer la tesis de que el método de la partida doble era conocido en la
antigüedad.
Fenicios
Sumerios
Persas
Los persas, que habitaban el actual territorio iraní,
tenían como principales industrias la textil, la cerámica y el mobiliario. Era
costumbre registrar todos los actos y todas las órdenes del rey y para ello
éste se hacía siempre acompañar de secretarios. En la época del rey Darío
(siglo V a.C.) se organizó un censo de todo el imperio, por el cual se emitían
los impuestos que eran después repartidos por las provincias. Éstos no eran más
de que una especie de “repartición autárquica”, comparable a las leyes actuales
de finanzas de los ayuntamientos. Se hacían inventarios de las propiedades de
los conventos, iglesias, comerciantes y de los particulares, lo que presupone
la existencia de una forma de Contabilidad pública, a la vez que un sistema de
contabilidad privado.
Hindús
En la vieja India, las profesiones comerciales e industriales estaban consideradas como muy honrosas y dignas, y sus principales industrias eran las relativas a los tejidos de algodón, lana, seda y lino. Provienen de esta civilización algunas obras y legislación que demuestran algunos avances en materia económica. Una de esas obras fue escrita por Kautilya, un sabio oriental que vivió, hace cerca de 2.300 años, en un territorio situado en la actual India. En su obra, Arthasastra, constan diversos conceptos y definiciones relacionados con la Contabilidad, como definiciones y clasificaciones de lucros, costos, recetas y capital, así como una distinción entre gastos ordinarios (constantes) y gastos extraordinarios (variables). Existe igualmente una distinción de gastos que resultaban de fenómenos con fines operacionales y no operacionales. El código de Manu (ca. siglo XII a.C.), que incluía legislación comercial, contenía disposiciones respecto a la fiscalización de la calidad y del precio de las mercancías, la prevención de fraudes, la regulación de los tributos del Rey por parte de funcionarios que debían de prestar cuentas al soberano, y aún reglamentos sobre la tasa de interés y sobre tasas de préstamo. No fueron encontrados vestigios de la Contabilidad hindú, pero, por muy primaria que fuese, ésta existía, porque había una jerarquía de funcionarios encargados de administrar el producto de las cobranzas de los impuestos. Prolongando esta línea de pensamiento, para Sá (1998b: 263), “todo indica que en la India había ya una organización contable apreciable, con muchos cuidados técnicos pertinentes a las áreas presupuestarias”.

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